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jueves, 12 de febrero de 2015

Pueblos Fantasma: Abuin, la aldea maldita

Volvemos a recuperar esta sección que teníamos un poco abandonada para hablar de una aldea desconocida para el gran publico pero que tienen una leyenda negra. Tanto es asi que le llaman la aldea maldita



Más allá de la aldea de Abuín, en la parroquia rianxeira de Leiro, al otro lado del núcleo de viviendas, se oculta desde hace más de cuatro siglos una leyenda negra.
Sólo el silencio habita en las cinco casas en ruinas de la antigua aldea, condenada al olvido en el lugar más hondo del pueblo.
Estas casas, protegidas por un bosque tan hermoso como misterioso, guardan el secreto de la aldea maldita de Abuín.
En 1598 llegó a las Rías Baixas un barco procedente del País Vasco. A bordo, uno de los mayores enemigos que ha tenido la humanidad. Un arma mortal que muchos años después, en el siglo XX, durante la Segunda Guerra Mundial, se empleará incluso como arma biológica : la peste negra.
Existe una leyenda que data de los siglos XIV o XV, cuando la “Peste Negra” arrasaba Europa, diezmando su población. Se piensa que causó la muerte de más de veinticinco millones de europeos, pero esta leyenda en cuestión se centra en una pequeña aldea de Galicia, conocida como Abuín, perteneciente a la parroquia de Leiro en la provincia de Coruña.
Se encuentra en la demarcación de Rianxo, localidad mucho más conocida.

En esa época comenzaron a propagarse rumores sobre un fabuloso tesoro escondido procedente del saqueo de un monasterio cercano a esta pequeña aldea, el Monasterio de Armenteria,e incluso se llegaba a afirmar que existía un fabuloso botín enterrado por los pueblos nórdicos tras sus incursiones.
Muchos de los lugareños consideraron que los ladrones del tesoro del Monasterio habían cometido sacrilegio y que las iras divinas se cebarían sobre ellos.
Se hablaba también de otra extraña maldición para todo aquel que recogiera un cáliz (para otros, un casco de oro finamente labrado) que le sería arrojado por un cura.
Probablemente, y al igual que muchas de las leyendas que aún hoy se transmiten de boca en boca, nada de esto fuera cierto, pero las largas noches de invierno alimentaban estas creencias por el gran respeto y temor que sentían hacia el Más Allá.

Lo cierto es que Abuín se transformó en una aldea maldita al sufrir en sus carnes la virulencia de la Peste Negra, totalmente extendida por la península Ibérica.
Tras la muerte de muchos de sus habitantes, los que sobrevivieron, estaban horrorizados pensando que la causa de sus males tenía procedencia divina como castigo por la profanación del tesoro religioso robado en Armenteira, y comenzaron a huir de aquel terrible lugar, al que comenzaron a considerar como una aldea
maldita.

Hay que tener en cuenta los precarios medios de la medicina de aquella época y la ostensible virulencia de la Peste Negra que actuó de forma atroz, provocando la muerte rápida en un tercio de la población en el mejor de los casos. Los lugareños no tuvieron duda alguna de que el infortunio se encontraba en el interior de la aldea, por lo que trataron de abandonarla con rapidez, no sin antes dejar, tal como se constata en lo que debió ser la calle principal que cruzaba el pueblo, unas marcas que se han relacionado como los avisos para todo aquel que osara poner los pies en su interior. Lo que probablemente no sabían, o no querían saber, es que la Peste Negra llegó a la zona a través del puerto de O Grove en algunas naves de carga procedente de los países europeos ya muy afectados por la enfermedad, quizá a caballo entre los siglos XIII y XIV, extendiéndose por la comarca como un reguero de pólvora.

Hoy en día, todavía pueden verse los muros de tres viviendas y los suficientes restos de piedras de construcción desperdigadas en el entorno que dan idea clara de la existencia de otras viviendas.
Para llegar a Abuín hay que tener conocimiento de su existencia y una idea aproximada de su ubicación, ya que no se llega con coche y es necesario caminar y adentrarse en el monte, poblado de árboles que apenas dejan intuir lo que protegen.
Las silvas, típicas plantas de los montes gallegos, provistas de abundantes y fuertes espinas, las hiedras, árboles, arbustos y una gran maleza, ocultan y protegen los restos de este poblado maldito.
Dada la precariedad de medios de los habitantes de la aldea maldita, no tenían grandes posibilidades de huir muy lejos. Sus posesiones y sus tierras estaban ubicadas allí, y de ellas malvivían. Su extraña huida no les condujo mucho más lejos de las últimas paredes de las casas del pueblo. Se asentaron de nuevo, algunos construyendo sus nuevas viviendas casi pared con pared de las que consideraban malditas, pero con el tímido convencimiento de que el meigallo que acabó con la vida de aquel lugar, no saldría del entorno de la aldea.

Decir que todo lo comentado va en relación con la vieja aldea de Abuín, pero hoy en día muy próxima a ésta, tenemos la nueva aldea de Abuín, en la que viven sin ningún tipo de problema un buen puñado de vecinos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Mundo MAS Paranormal: Poltergeist, una saga maldita

Hace un tiempo ya habíamos hablado de películas que parecía que tenían una maldición encima, pero pocas pueden presumir de algo tan aterrador como fenómenos inexplicables, muertes misteriosas y demás cosas como la saga Poltergeist. Hoy profundizamos en ello:

Parece que algunas películas son perseguidas por terribles acontecimientos, estas son consideradas películas “malditas”. Cualquier persona ha oído hablar de algunas películas que les rodea el misterio como “El exorcista”, “El cuervo”, “Rebelde sin causa” o “La profecía”. Pero tal vez, de todas las películas consideradas malditas a lo largo de la historia, la más conocida es la famosa trilogía de terror de los 80, “Poltergeist”.

La película original de 1982, dirigida por Tobe Hooper, producida por Steven Spielberg y con la brillante banda sonora compuesta por el ya fallecido mítico compositor estadounidense Jerry Goldsmith, se centraba en los Freelings, una típica familia americana de clase media que es víctima de fenómenos paranormales, cuando tras una serie de extraños y violentos incidentes, su hija Carol Anne es “llevada” al “otro lado”. Después de estos incidentes, la familia llama a un equipo de parapsicólogos para rescatarla, descubriendo que el hogar de los Freeling se encuentra ubicado en un cementerio nativo americano. La película tuvo un enorme éxito de taquilla, seguido de dos secuelas en 1986 y 1988.

Pero a parte del éxito comercial de la trilogía, JoBeth Williams (quien interpreta a la madre de Carol Anne, Diane Freeling) hizo unas sorprendentes declaraciones en 2002 para el canal de televisión VH1, en la famosa escena de la piscina de la primera película y en varias escenas de Poltergeist II se utilizaron verdaderos esqueletos para rodar las escenas. Esta controvertida declaración ante los medios de comunicación fue para muchos la base para explicar los terribles sucesos que vivieron tanto actores como miembros del rodaje que participaron en las entregas cinematográficas. Aunque con el paso del tiempo, debido a que muchos de los actores están vivos y siguen apareciendo en el cine y la televisión, el misterio que envuelve a las películas desapareció por completo. Pero en realidad, cuatro muertes ocurrieron durante y poco después del rodaje de la serie, y dos de ellas en circunstancias misteriosas, ademas de varios extraños accidentes.

Misteriosas muertes

Julian Beck, quien retrató escalofriantemente al predicador Kane, murió tras una larga batalla de 18 meses contra el cáncer de estómago poco después de terminar su trabajo en la segunda entrega. Pero más sorprende fue lo ocurrido en una secuencia del rodaje en el interior de una cueva en la segunda entrega, done había sentimientos de intranquilidad entre el equipo de rodaje. El miedo era tan intenso que el rodaje se detuvo hasta realizarse un exorcismo, llevado a cabo por el actor Will Sampson, que interpretó a Taylor el chamán. Sampson (más conocido por su papel en la película “Alguien voló sobre el nido del cuco”), falleció al año siguiente del lanzamiento de la película Poltergeist II, después de un trasplante de corazón y de pulmón.

Muchas personas pueden pensar que estas muertes se tratan de simples causalidades, pero lo peor les ocurrió a las actrices que representaron a las dos hijas de los Freeling. Dominique Dunne (Dana Freeling en la película original), entró en coma y murió en noviembre de 1982 a la edad de 22 años. Su ex pareja, John Sweeney llegó a su casa para suplicarle que volviera con él. Tras su negativa, comenzó a estrangularla durante varios minutos y al verla finalmente caer inconsciente, la dejó morir en la entrada de su casa. Sorprendentemente, Sweeney fue absuelto del asesinato en segundo grado y fue acusado de homicidio involuntario con una sentencia de medio año de cárcel.

Aunque el caso que tuvo un mayor impacto social fue la relacionada con la hija menor de los Freelings, la famosa Carol Anne, interpretada en las tres entregas por la brillante Heather O’Rourke. Ella moriría en febrero de 1988, antes del lanzamiento de Poltergeist III, con tan sólo 12 años de edad. A principios de 1987, Heather había sido diagnosticada con la enfermedad de Crohn, con lo cual le recetaron cortisona (con efectos secundarios en su cara, que parecía un poco hinchada, explicando la notable diferencia en su aspecto entre la segunda y tercera parte). El 31 de enero 1988, Heather O’Rourke enfermó, con síntomas que parecían de una simple gripe. Pero por desgracia, al día siguiente sufrió un paro cardíaco mientras era trasladada al hospital. Después de su trasladado en helicóptero al hospital de San Diego, falleció durante una operación de una obstrucción intestinal.
Poltergeist Poltergeist, una saga maldita
¿Accidentes paranormales?

Los más escépticos pueden pensar que cada una de las muertes de los actores se pueden atribuir a las “casualidades y tragedias” de la misma vida, pero también ocurrieron otro tipo de situaciones que se suman a la maldición de las películas Poltergeist. En la primera entrega, la famosa escena del muñeco payaso que ataca a Robbie (interpretado por Oliver Robins, hermano de Carol Anne) le atacó de verdad. La robótica del muñeco, creado por el maestro de los efectos especiales Richard Edlund, tuvo un mal funcionamiento, apretando con tanta fuerza el cuello de Oliver Robins que su cara se puso de color azul, tubiendo que intervenir el propio equipo de rodaje para que no muriera ahogado.

James Kahn, miembro del equipo y adaptador cinematográfico de la película, fue herido después de que un rayo le cayera sobre su remolque, provocando que la unidad de aire acondicionado explotara, que a su vez el aparato salió despedido por el interior del habitáculo golpeándolo fuertemente en la espalda.

En Poltergeist III, la actriz Zelda Rubenstein (que interpretaba a la famosa médium Tangina Barrons) misteriosamente enfermó durante el rodaje y rápidamente cayó en una profunda depresión inesperada. Poco después, recibió una llamada telefónica diciéndole que su madre había fallecido. Y en una escena en la que el garaje estaba en llamas, el fuego se descontroló. Todos los miembros que se encontraban rodando la escena resultaron heridos.

Más allá de la maldición

Es innegable que la muerte de estos actores y actrices fueron trágicas e inesperadas, pero por otro lado, a esto le debemos sumar la gran cantidad de misteriosos sucesos ocurridos en los rodajes. Es cierto que “la maldición” ha tenido un punto clave en mantener viva la esencia de estas películas, que de otro modo nunca podría se podría haber alcanzado en virtud de sus propios méritos. Debido a esto, muchas personas tienen la creencia que las películas Poltergeist ocultan algo mucho más siniestro que una simple maldición, podrían haber sido utilizadas como rituales para conseguir el éxito y la fortuna.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Pueblos Fantasma: La isla maldita de Poveglia

Este articulo quizá puede no entrar en la categoría de pueblos fantasma puesto que hablamos de una isla. Pero es una isla que esta completamente abandonada , ademas tiene una de historias sobre fenomenos paranormales y de fantasma que os va a asombrar










En los océanos de nuestra tierra hay innumerables islas, muchas de ellas han sido utilizadas por piratas para ocultar sus tesoros, otras han sido utilizadas para aislar a los presos, enfermos mentales o víctimas de la peste. Con el paso del tiempo, muchos de estos complejos fueron abandonados, quedando las almas de los mortales que fallecieron en trágicas circunstancias. Una de estas islas es Poveglia, una pequeña isla insignificante situada en las aguas de Venecia, Italia. Aunque Venecia es conocida por su belleza, y siempre ha sido un destino turístico popular, la pequeña isla se encuentra completamente abandonada, no hay visitas, no se permiten turistas. Muchos residentes locales no quieren recordar que la pequeña isla existe, ya que las historias de fantasmas y terribles apariciones fantasmales son toda una realidad en la isla maldita de Poveglia.

 La isla de los horrores

La historia oscura y siniestra de Poveglia puede servir perfectamente como guión de una película de terror. Es un verdadero ejemplo de cómo la realidad puede ser más aterradora e inquietante que la ficción. La terrible historia de Poveglia nos lleva de nuevo a los días oscuros de la peste bubónica o la “Muerte Negra”. Esta terrible enfermedad mató a la mayoría de las víctimas dentro de los cuatro días siguientes de la infección. A principios del siglo XIV, la ciudad de Venecia se apoderó del miedo y quedó atrapada en un estado de pánico, ya que la plaga se apoderaba de sus vecinos y comenzó a cobrarse un sinnúmero de vidas. A medida que aumentaba el número de muertos y el olor se hacía insoportable para los que aún vivían, comenzaron a transportar los cuerpos a la isla de Poveglia.

Algunas autoridades locales pronto decidieron utilizar la isla como una zona de cuarentena. Entonces las cosas comenzaron a coger un giro más oscuro en la isla, ya que las personas que tenían el más mínimo síntoma de la plaga fueron arrebatadas de sus familias y abandonadas en la isla de Poveglia. Se les dejaba morir solos y rodeados de miles de cadáveres. Entre el aumento de los cadáveres en Poveglia, siempre se podían escuchar unos cuantos gemidos de los que aún no habían muerto, esperando sufrir su horrible destino. Se cree que alrededor de 160.000 hombres, mujeres y niños fueron llevados a la isla. Es difícil imaginar el miedo y la angustia que estas víctimas de la terrible plaga debían haber sentido cuando morían.

Se dice que la gran cantidad de cuerpos formaron una “capa” de ceniza pegajosa en la parte superior de la tierra de la isla. Los pescadores evitaban la isla, debido al riesgo de encontrarse huesos humanos o partes de los cuerpos. La isla de Poveglia fue evitada durante muchos años después de la plaga. No fue sino hasta la década de 1800 que alguien decidió dar uso a la pequeña isla. Entonces se construyó un hospital para enfermos mentales. Se dice que los pacientes en el hospital mental, inmediatamente después de que fueran trasladados a la isla, comenzaron a tener terribles visiones de cadáveres y de fantasmas de las víctimas de la plaga. Por supuesto, estas experiencias fueron completamente ignoradas por los médicos, ya que los enfermos que decían haber sido testigos de estos avistamientos fantasmales eran consideraros mentalmente inestable o completamente locos.

De isla de la peste a hospital mental

Pero la terrible historia de la isla no acaba aquí, durante la década de 1920 un médico responsable del hospital torturó a una gran cantidad de pacientes. Llevó a cabo terribles experimentos que él creía que lo harían famoso en la comunidad médica. Los pacientes eran llevados a la Torre del hospital, donde se llevaban a cabo los experimentos atroces, utilizando diversos métodos crueles de tortura. El doctor hizo sus experimentos con los enfermos mentales durante muchos años. Sin embargo, no tardaría en unirse a sus pacientes en su locura. El médico comenzó a ver a los espíritus de las víctimas de la peste e incluso a los fantasmas de sus propios pacientes torturados. Las experiencias fueron tan espantosas e intensas que el médico que una vez tenía la esperanza de convertirse en una celebridad, perdió completamente la cabeza. Atormentado por estos espíritus y las horribles visiones, el médico trató de suicidarse saltando desde el campanario del hospital. La leyenda dice que el doctor demente sobrevivió a la caída, pero una misteriosa niebla se levantó del suelo de la isla de Poveglia y lo mató.

 Los fantasmas de Poveglia

Desde entonces la isla de Poveglia ha quedado en el olvido y nadie se atreve a visitar la isla. Los pocos que han sido lo suficientemente valientes como para aventurarse, han dicho haber escuchado gemidos y gritos inquietantes. Algunos incluso han sido testigos de apariciones fantasmales. Otros han denunciado haber sido agredidos físicamente por fuerzas invisibles, mientras que se encontraban en la isla. Hubo el caso de una niña, cuya familia había considerado comprar la isla, que después de hacer un visita requirió más de veinte puntos de sutura en la cara. Los detalles de lo sucedido son pocos, aunque la familia no volvió y no compró Poveglia después de su visita. La mayoría de residentes afirman que la isla es el propio mal y no debe ser visitada nunca. Las personas que se han atrevido a recorrer los terrenos de Poveglia nunca vuelven.
La isla de Poveglia tiene una de las historias más siniestras y espeluznantes que se conocen en la Tierra, y según los parapsicólogos y psíquicos que han podido estar en la isla afirman que se es perseguido por miles de espíritus. Con el paso del tiempo, se ha intentado limpiar la imagen de esta isla, extendiendo rumores de que Poveglia no fue una isla utilizada para albergar los cuerpos de las víctimas de la peste, y tampoco albergó un hospital mental, ya que en realidad era un lugar de retiro. Pero por desgracia, el horror y la muerte no se pueden ocultar. De cualquier manera, la isla de Poveglia es sin duda uno de los lugares más interesantes, espeluznantes y fantasmales de nuestro planeta.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Mundo MAS Paranormal: La carretera maldita

¿Puede estar una carretera maldita? ¿Puede ser que algo maligno se instale en un kilometro en concreto para hacer el mal? Hablamos del kilometro 239 de una carretera maldita

Kilómetro 239: bajo influencia maligna

En el mundo existen muchas carreteras conocidas por la cantidad de accidentes que ocurren en ellas, pero Alemania posee una carretera en que los accidentes desafían a la causalidad natural, no solo por su frecuencia sino por su carácter extraño e incluso inexplicable. Todos se producen en un mismo punto, supuestamente maldito según dice la gente. Su nombre es el Kilómetro 239.
Durante varias décadas, los moradores de las localidades alemanas de Bremen y Bremenrhaven, solicitaron a las autoridades una autopista adecuada que uniera a las dos comarcas reemplazando al antiguo, algo deteriorado y bastante transitado camino existente.

En 1929, las solicitudes de los habitantes se hicieron realidad y la tan anhelada carretera fue inaugurada, prometiendo a la gente de Bremen y Bremenrhaven grandes ahorros de tiempo. La nueva carretera tenía excelente señalización y su estructura y materiales la colocaban en la cúspide de la tecnología de circulación vehicular de la época.
Sin embargo, algo andaba mal: comenzaron a darse accidentes de tráfico, uno tras otro de manera alarmante y difícil de entender dado lo buena que era la carretera. Al inicio se creyó que era por errores humanos, pero las buenas condiciones de la autopista, y el hecho de que en pocos meses la cifra de accidentes se elevara a cien, comenzó a crear alarma y la ruta pasó a conocerse como la "carretera de la muerte".
Pero lo peor, aquello que catapultaría el pánico popular y el aura de leyenda, surgió cuando, al incrementarse el número de accidentes, la gente empezó a constatar con horror cómo era en un mismo punto de la autopista donde todos los coches, cual si sobre ellos cayerse una oscura fuerza invisible, sufrían terribles accidentes: ese punto era el fatídico kilómetro 239... Desde aquel hallazgo, ya no solo era la "carretera de la muerte" sino la "carretera maldita".
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Aquí el lector podría pensar: "bueno, de pronto habían curvas difíciles en el kilómetro 239, elevaciones o huecos en la carretera dentro de ese trayecto". Pero no, no os engañéis, el kilómetro 239 estaba muy bien asfaltado, bien cuidado y, sobre todo, tenía gran visibilidad y era perfectamente recto... Y entonces: ¿qué demonios causaba los accidentes? Atribuirlos a la sugestión sería una retorcida y malintencionada jugada escéptica, dado el número de accidentes que habían ocurrido, y dado que este número era ya elevado antes de que surgiese el aura de leyenda que habría de posibilitar la sugestión que, como nos lleva a pensar el sentido común, no podía ser la causa de tantos accidentes.
La leyenda de la "carretera maldita" comenzó a crecer como hiedra irrefrenable en el pasto impresionable de la opinión pública, y muchos empezaron a evitar pasar por la carretera, prefiriendo tomar largas y complicadas rutas antes que arriesgarse a pasar por aquel aciago tramo de asfalto marcado por lo que se pensaba era la presencia de una fuerza arcana y malévola. No obstante, pese a la disminución de la circulación, los accidentes continuaban en proporción alarmante, y muchos sobrevivientes contaban a la Policía de Tránsito cómo, al acercarse al kilómetro 239, una extraña sensación empezaba a invadirlos, como si una fuerza desconocida poseyera el coche, sacándolo de la carretera a pesar de que ellos agarraban con fuerza el volante.
Llegados los hechos a tal punto, los campesinos de la zona empezaron a pensar que la carretera, en el kilómetro 239, estaba poseída, y ante eso efectuaron un exorcismo para sacar al demonio o lo que fuere que allí estaba actuando. Y tal parece que, en efecto, había algún tipo de entidad, ya que, según se cuenta, desde el día del exorcismo los aparatos de radio de la zona empezaron a emitir desconcertantes interferencias. ¿Podría un agente causal natural ser sensible a algo tan irrelevante para las leyes naturales como un exorcismo? Evidentemente no...
Fue entonces cuando la Policía se decidió a investigar la zona. Al no encontrar nada inusual, los agentes quisieron abandonar las pesquisas, pero la presión de la opinión pública terminó haciéndolos adoptar una decisión tan heterodoxa como lo fue el contratar a Carl Wehrs, un experto en fenómenos paranormales.
Tras aceptar la contratación, Carl llegó a la zona y buscó actividad magnética con una vara de acero en las manos, ya que bajo el área fluía un río subterráneo y, según Carl, aquel río emitía una fuerza magnética que supuestamente era la causa de los accidentes. No obstante, cuando llegó al kilómetro 239, la vara saltó violentamente de sus manos como si alguien la golpeara con fuerza. En ese revelador momento Carl comprendió que la causa no podía estar en el río, ya que éste no podía tener tal potencial como para hacer reaccionar así a la barra. Había algo más allá de lo normal...
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Ante hechos inusuales como los presenciados, Carl encontró una solución igual de inusual: enterró una caja de cobre junto a un punto clave del kilómetro 239, una caja que en su interior contenía una estrella también de cobre. La gente creyó que aquello respondía a la mecánica de algún conjuro para expulsar al demonio o entidad que actuaba en la carretera. Increíblemente, desde que la caja fue enterrada los accidentes cesaron como por arte de magia, avivando así aún más el fuego de la leyenda...
Un poco con el afán de desafiar lo que pensaban que era superstición, las autoridades desenterraron la caja varios días después, recibiendo una terrible sorpresa al ver que los accidentes se reanudaban... Supieron entonces que en realidad algo paranormal actuaba en el kilómetro 239, e inmediatamente volvieron a colocar la caja en el mismo punto, obteniendo nuevamente el cese de los accidentes, que no se han vuelto a dar ya que, hasta nuestros días, la enigmática caja continúa bajo tierra.
Ahora bien: ¿era la caja una simple forma de frenar un inusual magnetismo, o esa estrella de cobre no estaba de adorno y participaba de algún tipo de conjuro? Hasta la fecha, el enigma no ha sido respondido.